30 años de la masacre de Osaka

La masacre cometida por las Farc estuvo vinculada al violento conflicto entre esa guerrilla y un sector de los desmovilizados de la guerrilla del EPL en el Urabá. Por Laura Prato y Rosannah Pettke 

Hace 30 años, el municipio de Carepa en Antioquia fue testigo de un hecho doloroso que continúa presente en la memoria de sus testigos. En la mañana del 14 de febrero de 1996, Humberto Moreno se dirigía a su trabajo, ubicado en la finca bananera Osaka, junto a otros 44 compañeros, entre ellos, su pareja Myriam Padilla León. Como cualquier familia, con este trabajo aspiraban a mejorar su calidad de vida, Humberto recuerda: “Nosotros teníamos ilusiones por lo menos de conseguir una casita porque era muy difícil en ese tiempo, en su mayoría el personal vivía en las fincas. Había campamentos de la empresa, pero eran de las empresas y la gente vivía allí en esos campamentos.”

Sin embargo, esa rutina tranquila y esos sueños se interrumpieron cuando guerrilleros del Frente Quinto de la extinta guerrilla de las Farc interceptaron el vehículo en el que se movilizaban y obligaron a los ocupantes a bajarse y tenderse en el piso. En medio del pánico, algunas personas intentaron huir y la guerrilla comenzó a disparar. Allí fallecieron 11 trabajadores: Hernán Conde, Tomás Toscano, Segundo Muñoz, Luis Manuel Correa, Ignacio González, Alirio Maya, Darío Zaga, Arnulfo Higuita, José Cristino Hinestroza, Bernardo García y Myriam Padilla. 

Esta masacre, que hace parte de otras registradas en el Urabá entre 1994 y 1996, se llevó a cabo en el marco de una persecución emprendida por la guerrilla de las Farc contra desmovilizados del grupo Ejército de Liberación Popular (EPL), quienes en 1991 optaron por abandonar la guerra y conformaron el movimiento político Esperanza, Paz y Libertad. Algunos militantes de este movimiento formaban parte del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria en Colombia (Sintrainagro), lo que generó estigmatización por parte de las Farc contra todos sus miembros.

Los sobrevivientes pasaron años en completo silencio por temor y desconfianza, Humberto comenta “No hablabamos porque en la zona había muchos grupos armados a la vez. Entonces, a uno le daba miedo hablar de lo que había sucedido”. Hasta que en el 2012 se animaron a iniciar un minuto de silencio gracias a un compañero que llegó tiempo después al territorio y se enteró de lo ocurrido. Él propuso este sencillo pero valioso momento para recordar a quienes habían perdido la vida en ese lugar. En los siguientes años ese acto se iría transformando poco a poco, primero en una oración y luego de la implementación de la ley de víctimas (ley 1448) se incluirían actividades como talleres, cartillas, documentales y eucaristías acompañadas por el Centro Nacional de Memoria Histórica, la alcaldía y la gobernación.

Todas estas acciones dieron paso a la creación de “Memorias que Renacen”, un colectivo conformado por 25 sobrevivientes, quienes buscan establecer un precedente para las futuras generaciones. En palabras de Humberto, actual líder de la iniciativa, explica que “Con eso logramos visibilizar, logramos hacer memoria. Logramos que jóvenes que no vivieron eso, que no saben, conozcan. Para mí es importante que los jóvenes que hoy en día están creciendo sepan qué fue lo que ocurrió aquí y que lo sepan por los que realmente lo vivimos.”

Sin embargo, a pesar de estas actividades y homenajes, las víctimas requieren de acciones reparadoras como el acompañamiento psicológico, la entrega de recursos económicos y el reconocimiento de la responsabilidad por parte de los perpetradores, las cuales no se han efectuado en los últimos años.

Según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), en Urabá, entre 1994 y 1996, en medio de la guerra entre las FARC y los Comandos Populares (un grupo de desmovilizados del EPL que volvieron a tomar las armas) y la entrada de los paramilitares a la región de la mano del Ejército, se perpetraron 104 masacres que dejaron cerca de 700 muertos.

 

 

Actualizado el: Sáb, 02/14/2026 - 10:40