"Hablar de contaminación es sinónimo de muerte": La lucha de Yuly Velásquez por salvar las ciénagas de Barrancabermeja

En Rutas del Conflicto conversamos con Yuly Velásquez, ingeniera ambiental, finalista del Premio Nacional de Derechos Humanos y nominada a Defensora del Año, que se celebrará el próximo 7 de septiembre. para indagar sobre las amenazas industriales que sofocan las ciénagas del país. En esta entrevista, la lideresa detalla el origen de su causa con las comunidades pescadoras, la contaminación por petroleras y grandes empresas, y la urgencia de proteger la vida en el territorio.

Por Samuel Montenegro

 

Rutas del Conflicto: Quisiera empezar preguntándole: ¿cómo surge la idea de volverse defensora de estos derechos ambientales y qué la llevó a ingresar en este mundo?

Yuly Velásquez: Principalmente, como mujer pescadora. Mis padres y mis abuelos también lo fueron; soy la tercera generación que vive de la pesca artesanal. Vi la necesidad en medio de la queja de buscar soluciones, y la queja siempre era la contaminación en nuestros ríos y ciénagas. Jamás me imaginé que tocaba batallar tanto con la institucionalidad y con la empresa más grande de Colombia, que es Ecopetrol. Si bien genera desarrollo para algunos, a nosotros, como mujeres anfibias que vivimos de la pesca artesanal, nos ha deteriorado el agua de donde sacamos las especies hídricas.

En el 2014, tras el asesinato de mi padrastro (a quien mataron en el año 2000), nos vimos obligados a romper el silencio. Por los hechos de violencia se dificultaba ingresar al río, pero al volver en 2014 nos dimos cuenta de que no había tanta diferencia con el año 2000: seguían los actores armados y la contaminación iba en aumento. Me di cuenta de que aumentó la muerte de especies que no tienen voz, y tenía que haber una voz para ellas. Se normalizó que en una ciudad que dice vivir del petróleo, muchas familias se acuesten sin comer. Éramos las víctimas invisibles de esa extracción.

RC: ¿Hay algún otro actor, además de Ecopetrol, que juegue un papel en esa contaminación?

YV: Está el mismo distrito de Barrancabermeja, porque por años han recibido regalías y no han invertido en el manejo de aguas residuales domésticas. Estas aguas conectan con la Ciénaga Miramar y descargan en el Caño San Silvestre, donde se mezcla el hidrocarburo con residuos domésticos sin que exista una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR); todo se ha convertido en un elefante blanco.

También está la empresa Aguas de Barrancabermeja, que descarga lodos sobre la ciénaga de donde más de 300.000 habitantes consumimos el agua, el antiguo relleno sanitario cuyos lixiviados caían directamente allí, y los monocultivos y la ganadería bufalina mal gestionada alrededor de los cuerpos de agua.

A esto se suma la invasión de la ronda hídrica por asentamientos de todo tipo, que compran allí por atractivo turístico. Eso genera un desplazamiento progresivo de nuestras áreas de pesca y convierte la zona en un corredor para grupos ilegales, microtráfico y tráfico de armas.

RC: Ante este panorama tan complejo de seguridad y pérdida de territorios, ¿cómo lograron organizarse como comunidad?

YV: Tuvimos que crear nuestras propias estrategias. Nos identificamos con chalecos, camisas y carnet de pesca para marcar nuestras rutas. Lo más difícil fue llegar a los finqueros de la zona; solicitamos reuniones con la Fuerza Pública y les dijimos: "Trabajemos de la mano, porque a ustedes les roban el ganado o sus frutos y a nosotros nos hurtan los motores, las embarcaciones y la pesca".

Esa articulación fue clave. Cuando por seguridad dejamos de hacer monitoreos nocturnos, los mismos finqueros se convirtieron en nuestros aliados a primera mano: si veían un manatí muerto, mortandad de peces o un derrame de hidrocarburos, nos avisaban. Nosotros activábamos las rutas con la institucionalidad y las empresas. Hoy trabajamos juntos en jornadas de limpieza de caños y ciénagas articulando a la comunidad, la academia y las instituciones.

RC: ¿Cuál es el diagnóstico actual de los daños y cuál ha sido la causa o denuncia específica a la que le han dedicado más trabajo en el último año?

YV: Nos hemos enfocado en la investigación de la muerte de fauna hídrica y terrestre. Detectamos con videos, fotos y pruebas trazas de grasas y aceites que vienen directamente de la refinería. Gracias a una Acción Popular logramos un fallo (del 30 de abril) que exige realizar pruebas de agua y lodos.

Nos hemos convertido en veedores ciudadanos de contratos millonarios que dicen ser para "recuperación hídrica" pero que terminan en bolsillos ajenos. Llevamos el laboratorio a nuestras embarcaciones y le decimos a las entidades: "Ustedes desde el escritorio ven todo muy bonito, pero vengan y conozcan la realidad que vivimos día a día". Demostramos que las pruebas oficiales no corresponden con el impacto real en los sedimentos.

Además, hay una alerta grave de salud pública. Hablar de contaminación aquí es sinónimo de muerte. En los últimos meses se nos han muerto compañeros pescadores con enfermedades raras, brotes en la piel, hongos desconocidos, se les caen las uñas de manos y pies. Exigimos a la Secretaría de Salud y a la UNAP (Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca) investigar esto, porque sacamos peces con parásitos visibles en los ojos. La pregunta de fondo es: ¿qué nos estamos comiendo y qué le estamos vendiendo al país?

RC: En materia de seguridad y perspectiva de género, ¿qué riesgos adicionales enfrentan las mujeres en esta labor?

YV: Las mujeres somos revictimizadas por ser mujeres y estar en el cuerpo de agua. Sufrimos acoso constante por parte de actores armados cuando pescamos o monitoreamos, lo que nos obligó a suspender faenas nocturnas.

También enfrentamos estigmatización y celos de liderazgo, incluso dentro del mismo gremio. Muchos hombres cuestionan que seamos nosotras las que lideramos o logramos procesos organizativos estructurados. En nuestra federación (FEDEPESAN, Federación de Pescadores Artesanales, Ambientalistas y Turísticos del Departamento de Santander) las mujeres no solo pescamos: impulsamos proyectos de aprovechamiento de colágeno, gastronomía y transformación.

Pero el riesgo más grande ha sido nuestra postura frente al crimen organizado: las mujeres nos pusimos de acuerdo y dijimos no a la extorsión. "Si de por sí pescamos poco, ¿cómo vamos a pagar una vacuna?". Esa decisión firme vulnera directamente nuestra integridad frente a los actores armados, pero mantenemos una convicción muy clara.

RC: Esta nominación nacional visibiliza enormemente su trabajo. ¿Qué significado tiene para ustedes y cuál es el llamado final al Gobierno y a la sociedad civil?

YV: Ya nos sentimos ganadoras. Es un reconocimiento a un trabajo de años que no se valoraba y a la articulación que logramos creando una red nacional de mujeres pescadoras, tanto marítimas como continentales. Este premio es en nombre de las compañeras que han partido y de aquellas que murieron resistiendo por no pagar una extorsión o por defender su derecho a pescar.

Al Gobierno Nacional y a la sociedad civil les digo que salvar el planeta es responsabilidad de todos. Quien no tiene un río cerca también puede ayudar desde casa ahorrando agua y no arrojando basura a la calle, porque todo llega finalmente a las fuentes hídricas.

Y también exigimos abrir espacios reales de participación para la mujer anfibia. Logramos por primera vez en la historia de Barrancabermeja que un grupo de mujeres llevara una Acción Popular hasta los tribunales para exigir un derecho constitucional: un ambiente sano. Las mujeres no nos vamos a callar ni ante la corrupción ni ante las amenazas. Silenciarnos es poner en riesgo a todas las comunidades que dependen del agua para existir.

Actualizado el: Sáb, 09/05/2026 - 15:50