Las mujeres siguen haciendo frente a la violencia: 317 lideresas asesinadas desde 2016
Desde Rutas del Conflicto queremos reconocer la importancia del trabajo y resistencia que las lideresas han emprendido durante años para promover la paz y la protección de derechos fundamentales. Ellas persisten en medio del aumento de la violencia en las regiones en las que trabajan, como el Chocó y el Catatumbo.
Organizaciones como Madres del Catatumbo por la Paz han trabajado desde el 2019 bajo la consigna antibélica “no parimos hijos e hijas para la guerra”. Como ellas, miles de mujeres en Colombia dedican sus vidas a defender comunidades y territorios frente al conflicto armado que hoy sigue latente.
Según la ONG especializada en el trabajo por la paz, los derechos humanos y la justicia social, Indepaz, entre el primero de enero de 2016 y el seis de noviembre de 2025, al menos 317 lideresas y defensoras de DDHH fueron asesinadas. Algunos de los departamentos más afectados por este fenómeno son Cauca, Antioquia y Valle del Cauca; estos tres concentran más del 50% de los homicidios a liderazgos sociales en todo el territorio nacional para 2025, indica la Comisión Colombiana de Juristas.
Pese a los riesgos que implica defender los derechos humanos, las mujeres han encontrado en la organización colectiva una forma de resistencia y protección. Dennys Zulay Rojas, integrante del colectivo Madres del Catatumbo por la Paz, afirma que “las madres son agentes sociales sin distinción de bandos, son sus hijos e hijas quienes mueren en los enfrentamientos armados”, su labor tiene como objetivo proteger la vida y el futuro de niños, niñas y adolescentes en la región.
Actualmente más de mil mujeres pertenecen a esta organización que tiene presencia en Norte de Santander, Arauca y Cesar. Entre sus principales actividades han desarrollado estrategias para evitar el reclutamiento forzado y los asesinatos de menores de edad, a través de una ruta que busca sacarlos de la zona a lugares más seguros. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, reportó la desvinculación de 49 menores de edad de grupos armados en distintos municipios de la subregión, entre enero y noviembre del 2025, aunque este problema aún está lejos de resolverse.
Además, este colectivo genera alertas tempranas sobre riesgos relacionados con crisis humanitarias y el recrudecimiento del conflicto, entre otras situaciones, para que las autoridades actúen lo más pronto posible. Según las Naciones Unidas “Desde enero de 2025, se estima que cerca de 100.000 personas, la mitad de la población de la región, han sido desplazadas como consecuencia de los enfrentamientos entre grupos armados no estatales, el uso de drones armados y el control violento de territorios estratégicos”, evidenciando que las hostilidades no han cesado en esta zona disputada por el ELN y el Frente 33 de las disidencias de las FARC.
Otra región profundamente afectada por estas problemáticas es el Pacífico colombiano, allí surgió la Red Departamental de Mujeres Chocoanas. Emprendieron su lucha desde 1992 por el empoderamiento económico, político y social de todas las habitantes de este sector del país. Según el Observatorio Mujeres Enrutadas en la Observancia de las Violencias contra las Mujeres y Niñas, para el segundo trimestre de 2025 los municipios de Tadó y El Atrato poseían las tasas más altas de violencia y feminicidios por cada 100.000 habitantes, clasificados como lugares de riesgo extremo. A esto se le suman otros flagelos como la pobreza multidimensional, que se ubicó en un 33,9% según el DANE, así como la disputa territorial de los grupos armados como el Clan del Golfo, que impiden la libertad plena del departamento.
Por estos y otros factores como el confinamiento que, según la Defensoría del Pueblo afectó a 18.921 desde enero a septiembre de 2025, la Red se ha encargado de trabajar en el fortalecimiento de políticas públicas que velen por la equidad entre hombres y mujeres, ejecutar actividades económicas para fomentar la independencia monetaria e impulsar su participación en espacios del poder público a nivel nacional, departamental y local, entre otras actividades.
También le apuestan al involucramiento de madres cabeza de familia y a las jóvenes, enseñándoles los tipos de violencia que pueden sufrir, a identificar las rutas de atención para actuar en esos casos y a emprender para asegurar su independencia económica en casos donde sea necesario salir de alguna relación conflictiva.
Estos ejemplos representan cientos de colectivos a lo largo del país que día a día concentran sus esfuerzos para proteger la vida, los derechos, las aspiraciones y los sueños de millones de mujeres en Colombia. A pesar de los asesinatos, amenazas y ataques, así como las pocas garantías de protección y seguridad para quienes lideran este tipo de iniciativas, su resiliencia en medio del temor es un claro mensaje en contra de la violencia machista, clasista y racista que trata de silenciarlas.
Actualizado el: Dom, 03/08/2026 - 07:51